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Álex descubre a los Reyes Magos

¿Habéis sorprendido alguna vez a los Reyes Magos cuando os estaban dejando los regalos? 🎅👀 ¿O conocéis a alguien que los haya visto? 👥👁️ Seguro que no, porque los Reyes Magos solo entran en tu casa cuando ya te has dormido. 😴🚪 Por eso, la noche de Reyes hay que acostarse tempranito, porque no sabemos por dónde van a empezar a repartir y si llegan a tu casa y aún estás despierto… pasan de largo y te quedas sin regalos. 😯🎁

Eso fue lo que estuvo a punto de ocurrirle a Álex, ¡que casi se queda sin regalos! 😱🎄 ¿Queréis saber por qué? Venid, que os lo cuento. 📖✨

ÁLEX DESCUBRE A LOS REYES MAGOS

Este año Alex estaba, rotunda y absolutamente decidido, a ver a los Reyes Magos cuando entraran en su casa.

—No se puede Alex —le decían sus amigos—, si no estás dormido no entrarán y te quedarás sin regalos.

—Les engañaré —contestaba Alex—, me haré el dormido y cuando estén entretenidos dejando los regalos junto al árbol, saldré corriendo de la cama y les diré…

¡Sorpresa, os he pillado!

Lo tenía todo planeado. Se iría temprano a la cama y cerraría bien los ojos, para que todos creyeran que estaba dormido. Y cuando papá y mamá se acostasen, se quedaría bien quieto para que, cuando los Reyes llegaran, no le descubrieran…

Esta vez, Alex dejó cuatro vasos de leche y cuatro trozos de roscón, tres para los Reyes Magos y uno para él, porque estaba convencido de que se lo tomaría con ellos.

Todos se fueron a dormir, pero Alex se mantuvo despierto, con un ojo entreabierto, por si veía algo, y una oreja levantada, por si oía algún ruido.

De pronto, vio pasar una sombra por el pasillo.

—¡Ahí están! —dijo Alex susurrando. Se levantó despacio y, sin hacer ruido, salió descalzo hacia el salón. Pero al pasar por la cocina…

—¿Dónde vas Alex? —le preguntó su papá.

—¡Bah! —dijo con fastidio—, eres tú.

—Claro ¿quién iba a ser? —contestó papá—, me he levantado a beber agua. Vuelve a la cama, que como vengan los Reyes y estés despierto, te vas a quedar sin regalos esta noche.

—Sí, sí, ya vuelvo a la cama —contestó Alex. De nuevo, se hizo el dormido y continuó esperando.

Al cabo de un rato, escuchó que alguien abría la puerta del jardín. Asustado, decidió escuchar bien antes de levantarse, por si acaso le ocurría igual que antes.

—Vamos, parece que aquí está todo tranquilo y todos están dormidos, podemos pasar. Id trayendo los regalos, creo que tienen el árbol en el salón —dijo Gaspar.

Pero, entonces…

¡PIMMMMMMM!

¡A MELCHOR SE LE RIZÓ EL BIGOTE!

—¡No! Hay alguien despierto, siempre que hay alguien despierto se me riza el bigote —dijo—. ¡Salgamos, salgamos! Baltasar, vuelve enseguida.

Y los tres volvieron a salir.

—¿Y qué haremos? ¿Nos quedamos esperando a que se duerman todos? —dijo Baltasar.

—No, no, dejaremos los camellos aquí en el jardín, bien escondidos por la parte de atrás y aprovecharemos para ir dejando los regalos en las casas cercanas. No podemos perder tiempo —dijo Gaspar.

Alex dejó de oír ruidos.

—¡Puf! Ya no oigo nada, voy a mirar —se levantó y se asomó al salón, pero no vio a nadie—. No hay nadie, otra vez que me he equivocado.

Así que, decepcionado, volvió a la cama.

Mientras Alex se dormía, los Reyes Magos, seguían repartiendo los regalos por todo el barrio.

—Volvamos a dejar los regalos, seguro que ya se habrán dormido —dijo Baltasar.

—¡Esperad! —dijo Gaspar—, vamos a mirar primero por las ventanas de las habitaciones para asegurarnos, no podemos correr riesgos.

Miraron en la habitación de los papás de Alex…

—Todo en orden —dijo Gaspar.

Miraron en la habitación de Alex, estaba quieto, con un ojo medio abierto y una oreja levantada…

—¡No! Este niño está despierto ¿cómo se llama? —preguntó Gaspar.

—A ver… —Baltasar sacó el pergamino, donde tenían apuntados los nombres de todos los niños y niñas, y los regalos que había pedido cada uno—. Se llama Alex y ha pedido una bicicleta que corra a 120 km por hora, un casco y un tirachinas.

—Mmmmmm, entiendo —dijo Gaspar—. Pues hasta que no se duerma no podemos entrar. Continuemos con el reparto por las demás casas, cuando terminemos volveremos, y espero que ya esté dormido.

Alex empezaba a impacientarse.

—Jolín, vaya rollo, cuándo van a venir —dijo enfurruñado—. No puedo esperar más, pondré la almohada debajo de las mantas para que crean que estoy acostado y me esconderé detrás del árbol, así les pillaré en cuanto entren.

Los Reyes terminaron de repartir los regalos por todas las casas del barrio y volvieron a casa de Alex. Se asomaron por la ventana y vieron el bulto que hacía la almohada bajo las mantas, inmóvil.

—Parece que ahora sí que está dormido —dijo Gaspar—, no se mueve. Vamos, deprisa, entremos a dejar los regalos.

Pero…

¡PIMMMMMMM!

El bigote de Melchor se volvió a rizar.

—No, no, no —dijo Melchor—, a lo mejor Alex está dormido, pero hay alguien que está despierto, mi bigote nunca se equivoca.

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Baltasar—, no podemos perder más tiempo, tenemos que dejarles los regalos para seguir camino, si no, no nos dará tiempo de ir a todas las casas.

Melchor se asomó en silencio por la puerta del jardín y vio a Alex… agazapado, escondido detrás del árbol…

—¡Vaya vaya! —dijo—, con que esas tenemos. Parece que esta noche tenemos otro detective.

No era la primera vez que algún niño trataba de engañarles, haciéndose el dormido o escondiéndose para descubrirlos.

—Definitivamente, este niño es muy travieso…

¡¡¡Deberíamos dejarle carbón!!!

—dijo Melchor.

Los Reyes Magos no sabían muy bien qué hacer, no podían esperar a que Álex se durmiera, estaban perdiendo ya mucho tiempo.

—Tenemos que irnos —dijo Gaspar—. Seguiremos visitando casas y más tarde intentaremos regresar, pero no sé si nos dará tiempo… creo que este año Alex se va a quedar sin regalos.

Entonces, vieron que la mamá de Alex se levantaba e iba hacia el salón.

—Álex, ¿qué haces ahí? —le dijo.

¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Alex bostezó.

—Estoy esperando a los Reyes Magos, este año quiero verlos y no voy a dormirme hasta que los vea. Pienso tomarme la leche y el roscón con ellos —dijo mientras bostezaba de nuevo.

—Ya, claro, pero si no te duermes no vendrán —le dijo mamá.

—Sí, porque estoy escondido, aquí no me verán —contestó muerto de sueño.

—Mira cariño, creo que es mejor que les esperes en la camita, aquí te vas a quedar helado —le dijo. Le cogió en brazos y le llevó a la cama. En cuanto mamá le acostó y le tapó con su mantita, Álex se quedó profundamente dormido.

Mamá volvió a la cama y, por fin, a Melchor se le deshicieron los rizos del bigote.

—Ahora sí que podemos entrar, todos están dormidos —susurró.

Dejaron los regalos junto al árbol. Como Álex se había dormido tan tarde, estaban seguros de que no iba a despertarse, así que, se tomaron tranquilamente los vasitos de leche y el roscón que les habían dejado. Subieron a sus camellos y continuaron camino.

—Alex nos lo ha puesto muy difícil esta noche —dijo Baltasar.

—Sí. Y casi se queda sin regalos, por ser tan travieso —dijo Melchor.

—Menos mal que mamá nos ha echado un cable…—rio Gaspar.

Cuando Álex despertó por la mañana, se levantó corriendo, fue al salón y…

¡ALLÍ ESTABAN SUS REGALOS!

…su bicicleta, su casco y su tirachinas.

Estaba contento, porque le habían dejado todo lo que había pedido, pero triste, porque al final no había podido verlos.

—Mira Alex, los Reyes se han comido el roscón y se han tomado la leche que les dejaste —dijo papá.

—Sí, pero yo quería tomarme la leche y el roscón con ellos, ver a los camellos y preguntarles cómo fabrican los regalos, cómo hacen para ir a todas las casas en una sola noche… —dijo decepcionado.

—Pero eso no es posible —le dijo mamá—. Los Reyes Magos son mágicos y nadie puede verlos, porque si alguien los viera, perderían la magia y nunca más podrían volver. Además, no hace falta que los veas, solo tienes que creer en ellos y guardar la ilusión de que, cada año, vendrán a visitarte.

—¡Vale! —dijo Alex—. Me voy a estrenar mi bici nueva, a ver si puedo correr a 120 km por hora.

Se puso el casco, se colocó el tirachinas en el cinturón y salió con su bici al jardín. Pero nada más comenzar a andar…

—¡Aggg, mamá, hay un montón de cacas en el jardín! —gritó.

—Ohhhhh —dijo mama—, seguro que han sido los camellos, ¡qué cochinos! ¡Cómo nos han puesto el jardín! Ahora nos tocará recoger todas estas cacas de camello. Y…

¡SE HAN COMIDO MIS FLORES!

Por el empeño de Alex en querer sorprender a los Reyes, casi se queda sin regalos. Y, encima, como los camellos estuvieron tanto tiempo en su jardín, mientras los Reyes repartían regalos por todo el barrio, se comieron todas las flores de mamá y dejaron un montón de caca, que luego le tocó recoger a Alex y a sus papás…

¡AAAGGGGGGGGGGGGGGGGGGG!

¿Habéis sido buenos este año? Pues no lo olvidéis, a dormir prontito que vienen los Reyes Magos.

¡Feliz noche de Reyes para todos mis niños y niñas!

¡MUAAAAAAAAAAAAAAAAAC!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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