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Bruno está en los huesos

Hoy os traemos la historia de Bruno, un esqueleto 💀 muy especial. Bruno quiere hacer las mismas cosas que sus amigos, pero él es…un poco diferente😁. Menos mal que su mamá le dará la solución para todos sus problemas 😉…

BRUNO ESTÁ EN LOS HUESOS

Hola niños y niñas. ¿Conocéis a Bruno?

Bruno es un niño muy alto y esbelto. Le gustaría estar algo más gordito, pero es que eso no puede ser. ¿Sabéis por qué? Porque Bruno es un esqueleto.

Hola Bruno- le dice su amiga Monstruita.

Hoy, Monstruita ha venido al cole con un peinado chulísimo. Lleva todo su pelo rosa en una coleta, enrollada en lo alto, haciendo un moño gigante.

Bruno se queda mirando a su amiga.

¡Ohhh vaya! Qué peinado tan chulo… ¡Jolín, cómo me gustaría tener pelo!, para poder hacerme también un peinado guay –le dice    Bruno-. Me haría un corte de pelo moderno y me pondría las puntas azules.

Bueno Bruno, no es tan difícil, para tener mucho pelo lo que tienes que hacer es lavarte la cabeza con agua muuuuy fría -le contesta Monstruita-. Eso es lo que yo hago y fíjate que melena tengo.

Pero Bruno se lava la cabeza y todo el cuerpo con agua helada, se pone hasta hielos en la bañera, y nada, no hay forma de que le salga pelo.

¿Qué pasa Bruno? –le saluda su amigo Dracu.

Como todos los días, Dracu viene al cole impecable. Siempre lleva una ropa muy molona y que encima le sienta genial.

¿Has visto la capa nueva que me he comprado ayer? –le dice-, a juego con estos pantalones de campana y esta sudadera de seda satinada.

Síííí… –le contesta Bruno, mientras le mira boquiabierto-. La verdad es que estás muy elegante, que bien te sienta todo siempre. ¡Jolín, como me gustaría estar un poco más gordito!, para poder comprarme ropa y que me sentara así de bien –dice Bruno-. Cuando me pruebo los pantalones parece que están colgados de una fregona, y cuando me pongo una camiseta, me sienta peor que a la percha donde estaba colgada.

Claro hombre, es que no tienes músculos, estás demasiado         flaco –le contesta Dracu-. Tienes que ir al gimnasio como voy yo, verás como te pones fuerte y musculoso, y así, todo te sentará mucho mejor. Es que no pones interés, tienes que ir todos los días.

Pero Bruno va todos los días al gimnasio tres veces. Hace flexiones, abdominales, pesas, bicicleta, zumba, aquagym, karate, aerobic… hace de todo, pero no consigue tener ni un músculo, sigue siendo un huesito andante.

¡Hola colega! –llega Frank. Como siempre llega con la boca llena.

¿Qué comes? –le pregunta Bruno con envidia.

Un bocata de salchichón con queso, está que te mueres de rico –le contesta- y para postre me he traído pan con chocolate.

¡Jolín, cómo me gustaría poder comer esas cosas tan ricas! -dice Bruno con fastidio.

Anda, ¿y por qué no te las comes? –le pregunta Frank- es muy fácil, le pegas un buen mordisco y ya está.

Pero no puedo –contesta Bruno.

¡Bah! ¿cómo no vas a poder? Todo el mundo come, no hay que ser un experto. Inténtalo, toma, prueba mi pan con chocolate –le insiste su amigo. Bruno le da un buen mordisco y ¡alaaaaa! el pan con chocolate pasa entre todos sus huesitos y se cae al suelo.

¿Ves? Ya te lo dije –le dice Bruno y se va a casa muy triste.

Cuando va camino de su casa, se encuentra con Tito, el perro de su vecina. Todos los días igual, cuando Tito ve a Bruno sale corriendo tras él.

¡Guau, guau! Vaya tesoro he encontrado, voy a estar toda la tarde enterrando huesitos –piensa Tito.

¡Ayyyyyyyyy! –grita Bruno- ¡basta ya, perro pesado, déjame tranquilo!

Pero Tito no para de perseguirle, hasta que Lola su dueña sale a regañarle.

Perdona Bruno, es que como siempre vas con tus huesitos tan relucientes, Tito no puede resistirse –le dice-. ¡Perrito malo! Deja ya a Bruno tranquilo.

Bruno llega a casa muy enfadado, encima tiene que colocarse bien los huesos de los pies, porque Tito se los ha descolocado todos.

Bruno no deja de preguntarse por qué no puede ser como los demás. Por qué no puede tener pelo, como los demás niños. Por qué no puede ser más gordito, para que la ropa no se le caiga y le quede colgando como de una percha. Por qué no puede disfrutar de un rico pan con chocolate. Y por qué no puede acariciar a un perrito sin que le quite un hueso.

Mamá, ¿por qué no puedo ser como los demás? -pregunta-, ¿por qué no puedo hacer las cosas que hacen mis amigos?, por más que me esfuerzo no lo consigo.

Mmmmm, y ¿qué es lo que hacen ellos que tú tanto deseas hacer? -le preguntó su mamá.

Pues Monstruita tiene una melena rosa… larguísima. Se hace unos peinados muy chulos. Y yo no puedo, por más que me lavo la cabeza con agua muuuuuy fría, como hace ella, no me sale ni un pelo                   -contesta Bruno.

¿Y? -pregunta su mamá-, no te puedes hacer preciosos peinados, pero puedes ponerte esa bonita gorra que llevas siempre. Si Monstruita quisiera ponérsela no podría, porque con tanto pelo no le cabe.

Es verdad ¡ja ja ja! -ríe Bruno-, nunca he visto a Monstruita con gorra. Y se la imagina intentando ponerse una gorra que, ¡fiuuuuuuuuu!, sale volando.

Bueno, pero Dracu siempre va muy bien vestido -dice-, todo lo que se pone le sienta fenomenal. Sin embargo, yo, con estos huesos, no consigo que nada me quede bien, toda la ropa me queda grande y parece que está colgada para secarse.

Ya -dice su mamá- y seguro que Dracu se pasa una hora todas las mañanas frente al armario, pensando en la ropa chula que se va a poner ese día. Tú, sin embargo, mira qué fácil, una duchita rápida, tu pantalón y tu camiseta cómoda y listo. Y bien guapo que estás.

Bruno mira a su mamá sonriendo.

La verdad es que Dracu siempre llega tarde al cole, debe de ser por eso -contesta pensativo- y porque se tira media hora en el espejo poniéndose gomina -dice por lo bajini.

Pero Frank, mira, se come unos bocatas que alucinas, con una buena pinta… y come pan con chocolate, que yo no sé, porque nunca lo he probado, pero debe de estar riquísimo -continúa diciendo Bruno.

A lo mejor, pero nosotros no necesitamos comer -le dice mamá-. Por eso, lo que para Frank es genial y está buenísimo, no es necesario para ti. Además, si come tanto, tendrá que lavarse los dientes un montón de veces al día, ja ja -ríe mamá.

Y, y, y -tartamudea Bruno, porque esto le enfada mucho-, cuando vengo a casa, Tito, el perro de la vecina, siempre quiere quitarme algún hueso

Ya, y a mí –le contesta mamá-, pero yo soy un hueso duro de roer y en cuanto le miro con cara enfadada se va corriendo y así puedo pasear tranquila.

Fíjate hijo, nosotros no necesitamos lavarnos el pelo y peinarnos todos los días. Ni tenemos que preocuparnos por si la ropa nos aprieta, o por si estamos pálidos. No tenemos que comer a todas horas, ni necesitamos hacer pipi en el momento más inoportuno -le dice mamá-. Y en las fiestas no hay quien nos gane ¡somos los mejores moviendo el esqueleto! ¿Ves como no es tan malo ser un esqueleto?

No debes tratar de ser como los demás, ni hacer lo que hacen los demás. No debes pensar en lo que no puedes hacer, sino en todo lo que eres capaz de hacer. Debes aceptarte como eres y disfrutar de lo que eres. Así siempre serás feliz.

Bruno sonríe, mamá tiene razón, sus amigos son guays, pero él también lo es.

Y colorín colorado nuestro cuento se ha acabado.

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