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El burrito Pepe salva la Navidad

¿Habéis pedido muchos regalos a Papá Noel? 🎅🎁 Yo he pedido algunos, pero no sé si este año va a poder repartir los regalos, porque parece que ha ocurrido un problema muy grave… ¿qué habrá pasado? 🤔😮

EL PURRITO PEPE SALVA LA NAVIDAD

Por la mañana, Rodolfo se levantó con la nariz más roja de lo normal, le picaba mucho y relucía como un semáforo.

¡ATTTTCHISSSSSSS!

Estornudó.

—Uffff, no me encuentro muy bien —dijo.

Tenía las mejillas sonrosadas y las orejas muy calientes.

—Vaya —le dijo Dani el elfo—, parece que te estás resfriando Rodolfo, no puedes ponerte enfermo esta noche, que es Nochebuena y tenemos mucho trabajo, tenemos que repartir millones de juguetes y tú eres el que dirige a todos los demás renos. Sin ti no podríamos llegar a todos los rincones del mundo, para dejar a los niños y niñas todas las cosas que nos han pedido, sería un desastre —dijo Dani preocupado.

—No, no te preocupes —dijo Rodolfo— esto solo es que tengo algo de alergia al muérdago, ya sabes que todos los años me pasa…

¡ATTTTCHISSSSSSS!

—No —dijo el elfo—. Todos los años te pica la nariz, pero no te pones rojo como un tomate y se te pone tan reluciente esa gran narizota que tienes. Esto me huele a resfriado y de los buenos. Túmbate ahí junto al fuego tapadito, te traeré un vaso de leche caliente, a ver si te recuperas.

Así que, Rodolfo le hizo caso. Aunque no quería confesarle a Dani lo mal que se encontraba para no preocuparle, la verdad es que esta vez tenía la nariz demasiado roja y reluciente y las orejas demasiado calientes…

«Creo que anoche cogí un buen resfriado, cuando salí a pastar entre la nieve con Relámpago», pensó. «Me quedaré aquí calentito un rato, a ver si se me pasa».

Dani le trajo su vasito de leche y Rodolfo se lo tomó, pero nada, no se le pasaba, cada vez estornudaba más y tenía la nariz más roja y las orejas más calientes…

Sus amigos renos le miraban con preocupación.

¿Pero cómo puede ser que te hayas resfriado Rodolfo? —le preguntó Relámpago—. Yo también salí a pastar contigo y mira, aquí estoy, más sano que una manzana. Seguro que no te pusiste la bufanda y las manoplas de las pezuñas como yo y ahora mira lo que pasa.

—Seguro que salió desabrigado —dijo Dani—. ¿Y ahora qué hacemos? Los elfos ya tienen todos los regalos envueltos y todos los paquetes preparados, con el nombre y la dirección de todos los niños y niñas. Pero, sin Rodolfo a la cabeza dirigiendo el trineo, será imposible hacer todo el reparto. ¡Ohhhhhhhh, esto es un desastre! Veréis cuando se entere Papá Noel, se va a enfadar muchísimo.

¡HO HO HO!

—Pero ¿qué sucede? ¿Qué son esas voces? No se gritaba tanto en esta casa desde aquella vez que olvidé el cumpleaños de la Señora Noel —dijo Papá Noel entrando en el salón—. ¿Qué hacéis todos aquí al lado de la chimenea a estas horas? Tendríais que estar subiendo paquetes al trineo, dentro de poco tenemos que partir, que tenemos muchas casas que visitar esta noche.

—Eh, bueno, eh… es que….resulta… —Dani no sabía cómo decirle a Papá Noel que Rodolfo se había resfriado y no podría volar esa noche. Que no podrían repartir los regalos como hacían cada Nochebuena. Y que todos los niños y niñas del mundo se iban a sentir decepcionados esta Navidad, porque cuando se despertasen…

¡¡¡¡¡NO IBAN A TENER REGALOS!!!!!

Entonces Papá Noel vio a Rodolfo tumbado y tapadito junto al fuego.

—¿Qué te ocurre Rodolfo? —le preguntó.

—Que estoy algo enfermo, ayer salí a pastar con Relámpago entre la nieve y no me abrigué lo suficiente y me he resfriado. Tengo las orejas ardiendo y los mofletes como un tomate —dijo Rodolfo.

—Ya veo —dijo Papá Noel—, y la nariz como un semáforo…

¡HO HO HO!

—¿No estás enfadado Papá Noel? —preguntó Dani.

—¡Claro que no! Encima de que Rodolfo está enfermo, no vamos a echarle una regañina ¿no te parece? Bueno, pues alguna solución tendremos que pensar —dijo Papá Noel, mientras se acariciaba su larga barba blanca.

***

—¡Vamos Pepe! ¡Mira que eres lento y desobediente, cualquier día te voy a vender, porque no sirves ni para cargar melones! —gritaba enfadada una señora rechoncha y bajita.

—Pepe hijo, no puedes comportarte así, debes ser obediente y trabajar cuando te lo pide el ama, si no cualquier día te venderán y no volveremos a vernos —le decía Mamá burrita— ¡no puedes darle una coz, cada vez que te carga las alforjas!

—Mamá, estoy harto de ser un burro de carga —decía el burrito Pepe.

—Pero así es la vida del burro, es para lo que hemos nacido, para obedecer y trabajar, tendrás que conformarte —le contestaba mamá.

Pero, Pepe no estaba dispuesto a pasarse la vida cargando las alforjas llenas de acá para allá. Él soñaba con hacer grandes cosas. ¡Cómo le hubiera gustado ser el burro del portal de Belén! ¡O haber sido el primer burrito en llegar a la Luna!

Así que Pepe, en secreto, había enviado miles de cartas a todas partes para buscar un nuevo trabajo. Cada año, intentaba ser burrito en el belén viviente de todos los pueblos más famosos, o ser acróbata en el Circo. Había intentado ser paseador de perros, cantante de ópera, e incluso socorrista en una piscina de delfines. Pero no había conseguido cambiar de trabajo.

***

Papá Noel no sabía qué hacer, así que, pensó que la única solución sería buscar un sustituto para Rodolfo. Llamó a todos sus elfos.

—Dejad de preparar paquetes por un rato, tenéis un trabajo mucho más importante, tenemos que encontrar un reno que sustituya a Rodolfo por esta noche —dijo.

—Pero ¿cómo? —preguntaron los elfos—. Será muy difícil encontrar un reno capaz de hacer el trabajo de Rodolfo en tan poco tiempo.

—Bueno, bueno, habrá que intentarlo. He preparado carteles para que los colguéis en las puertas, paredes y farolas de todo el mundo —dijo.

Papá Noel había preparado un gran cartel que decía:

“SE BUSCA RENO PARA DIRIGIR TRINEO.

CON EXPERIENCIA EN CARGAR PAQUETES.

CON MUY BUEN SENTIDO DE LA ORIENTACIÓN,

BUEN OÍDO Y BUEN OLFATO.

INTERESADOS

ESCRIBIR A LAPONIA”

 «Ahora solo tenéis que repartirlo por todas partes y seguro que a alguien le va a interesar».

Todos los elfos se pusieron a ello. Se dividieron en grupos y se repartieron por todo el mundo. Había que encontrar a ese reno como fuera o este año íbamos a tener la Navidad más triste de la historia.

Sin renos, sin trineo, sin Papá Noel y…

¡SIN REGALOS!

Enseguida empezaron a llegar cartas de interesados.

¡Ho ho ho! —reía contento Papá Noel—. Ya os decía que sería fácil encontrar un reno que quisiera trabajar con nosotros.

Así que, Papá Noel comenzó a llamar a los interesados.

«Buenas tardes, le llamo por el trabajo de “reno director de trineo”».

«Sí, sí ¿pero para cuándo es?»

«Para esta noche, lógicamente».

«¿Esta noche? ¿pero qué dice? Esta noche es Nochebuena, tengo que estar en casa, porque si no Papá Noel no me va a traer nada. No, no, no, yo esta noche no trabajo. Ya, si eso, a partir de mañana. Bueno, de pasado, que mañana es Navidad y tengo que jugar con los juguetes que me traigan».

—Vale, vale —dijo Papá Noel sorprendido.

«Buenas tardes, le llamo por el trabajo de “reno director de trineo”».

«Ah sí, sí sí, me interesa mucho. ¿Cuánto pagan?»

«¿Eh? Pues no lo había pensado la verdad».

«Ah, pues yo sin saber lo que voy a ganar, no trabajo, eh».

«Oh, vaya, vale, adiós. Llamaré a otro, a ver si tengo más suerte».

«Buenas tardes, le llamo por el trabajo de “reno director de trineo”».

«Sí, sí, escribí por el cartel, estoy “muuuy” interesado».

«Ah, estupendo, pues ¿cuándo puede llegar a Laponia? Tenemos que salir pronto, porque tenemos que repartir muchos paquetes y si hay niebla, nieve o lluvia a veces el vuelo se hace algo complicado ¿sabe?».

«¿Qué? ¿Volar dice? ¡No, no, no! Me da pánico volar, si quisiera volar sería pájaro, no reno. Si hay que volar no me interesa».

—Ah, vaya, pues adiós —contestó Papá Noel. Empezaba a pensar que no iba a poder encontrar a nadie para sustituir a Rodolfo. Entonces, volvió a intentarlo.

—Buenas tardes, le llamo por el trabajo de “reno director de trineo” —dijo Papá Noel cruzando los dedos.

—Eh, sí, sí, estoy interesado en el trabajo —contestaron al otro lado del teléfono, con voz tímida.

—¡Oh, estupendo! —dijo Papá Noel—. Es para esta noche, ¿no le importará trabajar en Nochebuena verdad?

«No, no, no me importa».

«Pero… aún no he pensado cuánto voy a pagar por el trabajo».

«No pasa nada, solo tiene que pagarme lo que me merezca».

«Y habrá que volar».

«¡Ah, vaya, es fantástico! ¿O sea, que voy a tener que volar?», preguntó el aspirante al trabajo.

«Sí, sí, además durante toda la noche, tendremos que recorrer el mundo entero repartiendo paquetes y más paquetes», le dijo Papá Noel.

«¡Genial! Es justo el trabajo que estaba buscando».

«¡Estupendo! Está usted contratado», le dijo Papá Noel aliviado.

«Y ¿dónde tengo que ir?».

«A Laponia, y cuanto antes».

«Pero ¿cómo llegaré hasta allí y tan rápido?»

«No se preocupe, enviaré a uno de mis otros renos a buscarle y llegará aquí volando».

«Vale, pues aquí le espero», dijo el nuevo “reno director de trineo”.

Pepe no podía creerlo, había encontrado un nuevo trabajo, en el que además tenía que volar. Siempre había soñado con ser el primer burro en llegar al espacio.

Solo se le había olvidado decir un pequeño detalle, que no era un reno, sino…

¡UN BURRITO!

«Bueno, no creo que eso sea un problema, después de todo, también tengo dos ojos, cuatro patas, dos orejas y una nariz ¿qué diferencia puede haber?», pensó.

***

¡HO HO HO!

—¡Ya tenemos sustituto! —dijo, contento, Papá Noel—. Relámpago, tú que eres el más rápido de todos, vete volando a buscarle, tenéis que llegar cuanto antes, ya se nos está haciendo muy tarde. Llévate este saquito de polvo mágico, échale un poquito en las pezuñas al nuevo reno y así podrá venir volando contigo —le dijo—. Mientras, nosotros iremos cargando todos los paquetes en el trineo.

Sin perder tiempo, Relámpago salió volando en busca del nuevo reno, que iba a sustituir a Rodolfo en esta Navidad.

Pepe esperaba nervioso. Tenía miedo de que, cuando vieran que era un burrito, no le dieran el trabajo. Así que, decidió apagar la luz, para que cuando llegaran a recogerle no se dieran cuenta de que no era un reno.

A lo lejos, vio acercarse a Relámpago. Venía volando, con el pelo brillante y unos cuernos preciosos y enormes, llevaba una cinta roja al cuello de la que colgaba una campanilla.

De pronto, Pepe se sintió insignificante, al lado de aquel reno majestuoso y comprendió que el trabajo era para ser…

“RENO DIRECTOR DEL TRINEO DE PAPA NOEL”

Pensó en salir huyendo y decir que no, que ya no quería el trabajo. Pero luego, se dio cuenta, de que no podía dejar pasar esta gran oportunidad. Sin duda, era lo que siempre había querido, hacer algo importante en la vida. Y ¿qué podía ser más importante, que hacer felices a todos los niños y niñas del mundo, repartiendo los regalos de Navidad con Papá Noel?

—Buenas noches reno ¿cómo te llamas? —preguntó Relámpago.

—Me llamo… Veloz, el reno Veloz —dijo Pepe, soltando el primer nombre que le vino a la cabeza.

—Bien, reno Veloz, por tu nombre seguro que serás perfecto para el trabajo. Enciende la luz que no veo bien, tengo que echarte polvo mágico en las pezuñas, para que puedas volar conmigo —le dijo Relámpago.

—Eh, es que está fundida —mintió Pepe—, pero toma, toma mis pezuñas, échame aquí, aquí y aquí.

No quería encender la luz, para que Relámpago no descubriera que no era un reno.

¡Uuuuuuuuuu! Enseguida Pepe empezó a flotar…

¡¡¡¡ESTABA VOLANDO!!!!

—¡Ohhhh, vaya, estoy volando! —dijo entusiasmado.

—¡Perfecto! Ya estás listo entonces ¡¡¡¡vámonos camino de Laponiaaaaaa!!!! —dijo Relámpago mientras comenzaban a alejarse.

Se fueron volando para llegar cuanto antes, tenían mucho trabajo por delante.

Pepe nunca había sido tan feliz, no había sido el primer burrito en llegar al espacio, pero iba a ser el primer “burro director del trineo de Papá Noel”.

***

Volando a toda velocidad llegaron a casa de Papá Noel.

—Buenas noches, hemos llegado, ya estamos preparados para comenzar a repartir regalos —dijo Relámpago—. Os presento al reno Veloz.

Todos se quedaron mirando a Pepe boquiabiertos, que estaba justo detrás de Relámpago.

—¿Qué sucede? —dijo Relámpago—, ¿no me habéis oído? ¡Vamos todos a sus puestos! Que ya está aquí el sustituto de Rodolfo. Además, es muy buen volador, ha venido más rápido que yo, será un buen “reno director de trineo”.

—Pero, pero, eso no es un reno —dijo Dani.

—No, no es un reno —dijo Rodolfo—, es…

¡¡ES UN BURRO!!

—¡¿Qué?! —contestó Relámpago sorprendido.

Miró hacia atrás y se quedó mirando fijamente a Pepe.

—¡Eres un burro! ¡Me has engañado, por eso no querías encender la luz! —dijo enfadado—. ¿Pero qué creías, que no nos íbamos a dar cuenta? ¿Cómo quieres compararte tú, un burro insignificante y bobo, con nosotros, los renos de Papá Noel?

—No permitiremos que un burro nos dirija —dijo Cometa, otro de los renos.

—Pero ¿qué otra cosa podemos hacer? —preguntó Rodolfo—.

¡¡¡ATTTCHISSS!!!

—Yo no puedo volar y los niños y niñas no pueden quedarse sin regalos. Además, tú mismo has dicho que es muy buen volador —le dijo a Relámpago—, que ha venido incluso más rápido que tú. Todo el mundo necesita tener una oportunidad. No le rechacéis por ser un burro, ni creáis que sois superiores a él porque es diferente a vosotros. Dejad que demuestre de lo que es capaz esta noche, si no cumple con el trabajo como debe, mañana le devolveremos a su establo…

¡¡¡ATTTCHISSS!!!

Todos se quedaron pensativos, se miraban unos a otros sin saber qué decir. Rodolfo tenía razón, él era el único que había aceptado el trabajo sin importarle que fuera Nochebuena, ni lo que iba a ganar y había sido muy valiente, volando por primera vez tan rápido para llegar a tiempo.

Quizás sí se merecía una oportunidad. Pero ¿qué diría Papá Noel? Seguro que él no aceptaría que un burro dirigiera su trineo mágico.

«¡Ho ho ho! ¡Ya estáis aquí! A ver, quiero conocer al nuevo reno, tengo que explicarle todo antes de partir. Le tengo que entregar los mapas, las direcciones y los nombres de todos los niños y niñas, para que dirija el trineo mágico sin equivocarse y sin perder tiempo».

Papá Noel se quedó mirando a todos, estaban en silencio, con caras de enfado y preocupación.

—¿Qué sucede? ¿Dónde está el recién llegado? —preguntó.

Todos señalaron a Pepe, que estaba en medio, con cara de…

“No debería haber venido,

muchas gracias por todo,

pero me voy.

Adiós”.

—Mmmmmm, pero ¡tú no eres un reno! —le dijo a Pepe.

—No, no lo soy, señor Noel, soy Pepe, el burrito Pepe —contestó.

—Vaya, esto sí que no me lo esperaba. ¿Y tus cuernos? –le preguntó con curiosidad.

—Eh, es que los burros no tenemos cuernos —dijo Pepe.

—¡Ah! Bien, bien. Pero ¿tienes buen olfato? —le preguntó.

—Sí, muy bueno, puedo encontrar olores desde 10 km de distancia —dijo Pepe.

—Y ¿tienes buen oído? –preguntó Papá Noel.

—Sí, estupendo, puedo oír cosas que otros animales y las personas no pueden oír, gracias a mis grandes orejas —dijo.

—Pues con eso es suficiente. Con un buen olfato y un buen oído, podrás encontrar fácilmente todos los destinos a los que tenemos que llegar. Como tienes las patas algo más cortas que tus compañeros renos, te pondré un extra de polvo mágico en las pezuñas y solucionado —dijo Papá Noel.

Otro de los renos, Juguetón, le colocó una cinta roja en el cuello con una campanilla. Y Relámpago le puso más polvo mágico en las pezuñas.

—¡Todo está listo! —dijo Papá Noel subiendo al trineo—. Los paquetes cargados, todos los renos en sus puestos, Pepe a la cabeza con los mapas, direcciones y nombres, un poco más de polvo mágico y…

¡¡¡¡A VOLAAAARRRRRRRRRRRRR!!!!!!

El trineo de Papá Noel despegó entre luces de colores, polvo mágico y el tintineo de las campanillas de todos los renos y del burrito Pepe.

Esa noche recorrieron todos los hogares del mundo, entrando por ventanas y chimeneas, dejando regalos.

También tomaron leche, galletas, y algún que otro trocito de turrón que les habían dejado, para reponer fuerzas.

Incluso, dejaron un regalo en el establo de Pepe, Mamá burrita se pondría muy contenta por la mañana.

Fue una noche muy larga, pero, finalmente, pudieron repartir todos los regalos.

—Bueno amigos, creo que hemos terminado el trabajo por esta noche —dijo Papá Noel—. Volvamos a casa a descansar, que los niños y las niñas deben estar a punto de despertarse y no querremos que nos vean ¿verdad? ¡Ho ho ho! —rio Papá Noel.

Todos regresaron a casa de Papá Noel.

***

—Burrito Pepe, has demostrado que eres un burro muy listo y muy rápido. Además, has realizado el trabajo a la perfección —dijo Papá Noel—. Rodolfo se recuperará pronto y volverá a su puesto, pero no puedo dejar marchar a un trabajador tan eficiente. Por eso, quiero ofrecerte un puesto aquí, en Laponia, como ayudante.

—Eres un burrito fuerte y trabajador, podrás ayudar a los elfos a empaquetar regalos y cargar paquetes, a llevar las piezas para construir los juguetes y a transportarlos de un lugar a otro —continuó diciendo Papá Noel—. Sin duda serás muy útil aquí.

El burrito Pepe estaba emocionado, podría quedarse allí trabajando como ayudante de Papá Noel ¡para siempre!

—Pero, si me quedo aquí, no volveré a ver a Mamá burrita —dijo triste.

—¿Cómo que no? Mamá burrita también puede venir a trabajar aquí, seguro que es, incluso, más lista que tú. Podrá ayudarnos a cargar con las compras a la Señora Noel y a mí, que ya estamos muy mayores y avisarla cuando la llamo, que está un poco sorda y nunca me oye ¡ho ho ho! –le dijo.

***

El burrito Pepe había cumplido su sueño.

Gracias a que Rodolfo y Papá Noel creyeron en él y le dieron una oportunidad, pudo demostrar lo que era capaz de hacer. Pudo demostrar, que no era un burro insignificante y bobo como todos pensaron al principio.

No debemos juzgar a alguien solo por lo que vemos o por lo que nos parece, debemos darnos la oportunidad de conocer a los demás y de aprender de ellos, porque todos tenemos algo que aportar siempre, solo hay que descubrirlo.

Y así fue como, aquel año…

¡EL BURRITO PEPE SALVÓ LA NAVIDAD!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

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