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El cuento de la lechera

Todos hemos tenido sueños😴 alguna vez. Hemos imaginado ser astronautas 👨‍🚀, médicos 👩‍⚕️ o grandes futbolistas ⚽. Es bonito tener sueños y luchar por ellos, pero no debemos dejarnos llevar por la fantasía 🦄 tanto tanto, que nos pase como a Clara, la soñadora protagonista de nuestro cuento de hoy…

EL CUENTO DE LA LECHERA

Todos hemos tenido sueños alguna vez. Nos hemos creado la ilusión de ser astronautas y viajar por todo el espacio; de ser médicos y curar a todas las personas; o de ser grandes futbolistas y meter todos los goles.

Es bonito tener sueños y luchar por ellos, pero no debemos dejarnos llevar por la fantasía tanto, tanto, que nos pueda ocurrir lo que le sucedió a Clara, la protagonista de nuestro cuento.

Clara vivía en una pequeña granja. Labraba un trocito de tierra, tenía dos gallinitas y una vaca. Cada día cogía los huevos que ponían sus gallinas y ordeñaba la vaca, pero aún era muy pequeña y daba poca leche, así que solo conseguía ordeñar lo necesario para su desayuno. Lo único que podía vender en el mercado eran los pocos huevos que recogía.

Poco a poco la vaquita fue creciendo, hasta que, al fin, un día, Clara consiguió un enorme cubo de leche fresca.

¡Qué feliz estoy! por fin mi vaquita da mucha y muy rica leche –dijo Clara-, me iré enseguida al mercado, para llevarla muy fresca y conseguir venderla al mejor precio.

Clara echó la leche en un cántaro, se lo colocó en lo alto de la cabeza y salió contenta camino del mercado. Iba por el camino muy sonriente.

¿Dónde vas tan contenta, Clara? –le preguntó su vecino, el señor Juan.

Voy camino del mercado, hoy llevo una leche riquísima y seguro que conseguiré venderla a muy buen precio –contestó Clara.

¿Ah sí? vaya, pues mucha suerte –le contestó el señor Juan.

Clara iba pensando en el precio que pediría por aquella leche tan cremosa.

Por toda esta leche podré pedir lo suficiente para comprar diez gallinas, que luego pondrán muchos huevos que también podré vender –pensaba.

Con lo que consiga vendiendo los huevos, podré comprar pollos para criar, así luego podré vender huevos y pollos.

Con lo que saque de vender tantos huevos y tantos pollos podré comprar un cerdo, que cebaré y cuando esté bien gordito lo venderé al peso, me darán un buen dinero por él, así luego podré comprar más cerdos y podré vender, huevos, pollos y cerdos.

Vendiendo tantas cosas ya podré comprarme, al menos, otra vaca, que me dará también mucha leche, y así podré vender huevos, pollos, cerdos y mucha leche fresca.

Venderé tantas cosas que ganaré mucho dinero, pero será demasiado trabajo para mí sola, tendré que buscar personas que me ayuden. Contrataré una señora que cuide las gallinas, los cerdos y ordeñe las vacas y un señor que labre las tierras, para conseguir ricas verduras y hortalizas que también podré vender.

¡Madre mía! ¡Tendré que comprar incluso un caballo y un carro para poder traer todo al mercado! Porque venderé huevos, pollos, leche, verduras, hortalizas y los cerdos cuando estén bien gorditos. Creo que mejor pondré un puesto en el mercado -pensaba emocionada.

Cuando pueda compraré cinco vacas más y comenzaré a fabricar quesos, seguro que los venderé a muy buen precio, porque la leche de mis vacas será la mejor de la comarca. Los fabricaré de varios tipos, para que gusten a todo el mundo y mis quesos se harán tan famosos que los enviaré a vender al extranjero, a lo mejor tendré que ir yo también al extranjero -pensó- y ¿cómo iré?

Bueno, como ganaré tanto dinero vendiendo huevos, pollos, leche, verduras, hortalizas, cerdos y quesos, me compraré un coche de caballos para viajar cómoda, y ropa nueva y bonita para causar buena impresión. Tendré que hablar con mucha gente para negociar bien el precio de mis productos -soñaba Clara.

Iba tan ensimismada en sus pensamientos y en todas aquellas ideas que se le iban ocurriendo, que dio una vuelta imaginándose luciendo caros y preciosos vestidos y se olvidó de que llevaba el cántaro de leche en la cabeza.

Entonces…

¡PLOFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF!

…el cántaro de leche fresca y cremosa se cayó al suelo y se rompió. ¡Toda la leche se derramó por el suelo!

Clara se quedó mirando el charco de leche, viendo cómo todos sus sueños quedaban hechos añicos, igual que el cántaro.

Pero qué boba soy, iba tan metida en mis pensamientos y en mis absurdos sueños que me olvidé de que llevaba el cántaro de leche y ahora, mira lo que ha ocurrido, adiós leche y adiós sueños -dijo Clara triste.

El señor Juan la vio de regreso.

¡Hola Clara! ¿Ya de vuelta del mercado? –le preguntó-. ¿Qué tal? ¿Conseguiste lo que querías por tu rica leche?

No, no conseguí nada –contestó Clara. Y le contó todo lo que había sucedido.

Así que ya ve, señor Juan, por tonta y fantasiosa al final me he quedado sin nada –dijo triste.

Bueno, bueno, no es para tanto, aún tienes esa estupenda vaca que te da tan rica leche ¿no? Mañana puedes intentarlo de nuevo y volver al mercado a vender tu leche –le dijo el señor Juan-. No debes abandonar tus sueños por un tropiezo, si quieres algo debes luchar por ello. Y si persistes podrás conseguir todo lo que te propongas. Aunque, quizás tengas que vender algo más que un cántaro de leche –le dijo sonriendo.

Clara también sonrió, el señor Juan tenía razón, después de todo solo era un cántaro lo que se había roto y unos litros de leche lo que se había derramado. Habría muchos otros cántaros de leche para perseguir sus sueños.

A partir de ahora sería más cuidadosa y menos fantasiosa, pero seguiría siendo una soñadora, porque nunca debes renunciar a tus sueños. Por muchos cántaros de leche que se te rompan, llena otro e inténtalo de nuevo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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