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Hansel y Gretel

Hansel y Gretel son hermanos👦👧. A los dos les encantan los dulces🍬🍬. Un día se pierden en el bosque y mientras buscan el camino de vuelta a casa encuentran algo… sorprendente!!!😳. Pero no imaginan lo que está a punto de suceder 🤭🤭. Coge tus chuches favoritas que vamos a escuchar el cuento 😉.

HANSEL Y GRETEL

Hansel y Gretel eran hermanos, vivían en el campo con sus papás. Todos los días, cuando volvían del cole, salían a jugar al aire libre. Cerca de su casa había muchos lugares para divertirse. Jugaban al escondite entre los árboles, se tiraban rodando por la hierba y, a veces, encontraban alguna cueva secreta donde jugar a exploradores.

Mamá, ¿podemos comer más caramelos y una rosquilla con nata?     -preguntaron.

¡Nooo!, ya habéis comido bastantes dulces por hoy -contestó mamá.

A Hansel y Gretel siempre le parecían pocos los dulces que mamá les dejaba comer.

Una tarde, salieron a dar un paseo por el campo. A veces, se alejaban un poco de casa, para ver a las ardillas trepando por los árboles, era muy divertido verlas saltar de árbol en árbol. Entretenidos detrás de una ardilla, no se dieron cuenta de que se estaban alejando demasiado y, cuando quisieron regresar a casa, no encontraron el camino de vuelta.

Hansel, ¿qué vamos a hacer? Nos hemos perdido ¿cómo vamos a regresar a casa? -dijo Gretel.

No te asustes, creo que es por este camino. Sí, sigamos por este camino, estoy seguro de que nos llevará a casa -le contestó Hansel.

Siguieron el camino, pero ya se estaba haciendo de noche, estaban cansados y hambrientos y no lograban encontrar su casa.

Entonces, vieron entre los árboles una cabaña. Los dos niños se quedaron con la boca abierta. Era una cabaña hecha de chocolate, las ventanas eran de gominola de fresa y los cristales de papel dulce. La puerta era una gran galleta de vainilla y por la chimenea ¡salía una nube de pica, pica! Las paredes estaban llenas de caramelos, chocolatinas y rosquillas de todos los sabores.

Hansel y Gretel se miraron, no podían creer lo que estaban viendo.

Fíjate Hansel, ¿crees que podríamos probar un poquito?, tengo hambre, ya es tarde y hoy ni siquiera hemos merendado -dijo Gretel.

Pues claro que sí, parece que no hay nadie, así que vamos a probar un poco -dijo Hansel.

Los niños se acercaron y dieron un buen mordisco a la casa.

¡Ummmmmm, qué rico chocolate! -dijo Gretel.

¡Ven, ven! Prueba la ventana, es de gominola de fresa -dijo     Hansel-, abre la boca, ¡que está lloviendo pica, pica!

Los dos niños estaban poniéndose las botas de dulces, cuando la puerta de galleta de vainilla se abrió, y salió una anciana. Hansel y Gretel se asustaron al verla, pensaban que no había nadie en la cabaña.

Niños, ¿qué estáis haciendo? -preguntó la anciana.

Perdone señora, no sabíamos que había alguien, solo estábamos probando un poquito -dijo Hansel.

No pasa nada, ¿qué hacéis por aquí a estas horas? Es muy tarde, deberíais estar ya en vuestra casa -dijo la anciana.

Es que nos hemos alejado un poco de casa y nos hemos perdido, no sabemos regresar -contestó Gretel casi llorando.

¡Ohhh, pobres niños! Pasad, pasad que hace frío, podéis descansar un poco en mi casa y comer un poquito más, tengo muchos más dulces y cositas deliciosas dentro -les dijo.

¿En serio, no le importa? -dijo Hansel.

No, no. Cómo no iba a ayudar a unos pobres niños perdidos y hambrientos -contestó.

Así que, los dos hermanos entraron en la cabaña de la amable anciana, que les puso una mesa llena de tartas, chocolates, rosquillas, galletas y toda clase de ricos dulces. Hansel y Gretel estaban en el paraíso. Mamá nunca les permitía comer tantos dulces y chuches.

Comieron y comieron hasta que estuvieron llenos.

Comed más, comed todo lo que os apetezca -dijo la anciana.

Gracias, pero creo que no puedo comer más dulces y además tengo mucho sueño ¡oooouaaahhhh! -dijo Hansel bostezando.

Y yo también, ¡oooouaaahhhh! -contestó Gretel con voz de sueño.

Y los dos se quedaron profundamente dormidos.

Cuando despertaron por la mañana, la anciana les había encerrado.

¡Señora, señora! ¡Déjenos salir por favor, tenemos que buscar el camino de vuelta a casa, nuestros padres estarán muy preocupados! -gritó Hansel.

Gretel lloraba sin parar.

No te preocupes hermanita, ahora vendrá y nos abrirá y podremos irnos a casa -dijo Hansel.

Je je je. ¿Qué tal niños, cómo os sentaron anoche todos los dulces que tomasteis? -dijo la anciana, que ya no tenía voz de dulce ancianita, sino, más bien, de malvada bruja.

¡Bien, ábrenos, que queremos irnos a casa! -gritó Gretel.

Ay, vaya, vaya pues lo siento mucho, pero… ¡¡no va a ser posible!!     -dijo la bruja-. ¡Ji ji ji, ji! Me presento. Soy la Bruja Piruleta y estoy encantada de teneros como invitados en mi cabaña de chocolate. Y para que veáis lo contentísima que estoy, ahora mismo os voy a traer una buena bandeja de bizcocho de chocolate y dos kilos de nube de azúcar, seguro que os va a encantar -dijo riendo.

¡No, no! Si puede ser preferiríamos un vasito de leche, una fruta y un poquito de pan con jamón -dijo Hansel.

¡Noooooo, no, no! Eso engorda poco, es mejor que comáis muchos dulces y bizcochos, así en poco tiempo estaréis bien gorditos -dijo.

¡Pero no queremos más dulces! Mamá no nos deja comer tantos          -dijo Gretel.

Da igual lo que diga mamá, ¡aquí mando yo! y quiero que engordéis mucho ¡y pronto!, que la próxima semana es mi cumpleaños y quiero dar una buena fiesta para todas mis amigas brujas -dijo-. Voy a hacer un buen asado de niño, os pondré una manzana en la boca a cada uno, sal y pimienta y ¡al horno! ¡Ayyyyy, qué buen festín nos vamos a dar!

Y se fue a buscar el desayuno de Hansel y Gretel.

¿Qué haremos Hansel? -dijo Gretel-, esta bruja mala nos quiere poner bien gorditos, para asarnos con una manzana en la boca para su fiesta de cumpleaños…

Hansel se quedó pensativo… La bruja volvió con una bandeja llena de bizcocho y dulces, abrió la puerta y se la dejó a los niños.

Ahí tenéis, no os quejéis, son cosas ricas de esas que os gustan a los niños, ¡comeos todo, no quiero que quede ni una miga! -dijo-. Luego volveré con más.

Hansel y Gretel no sabían qué hacer, ¿cómo iban a salir de allí? Tomaron solo un poquito de bizcocho y todo lo demás lo escondieron debajo de la cama, si comían más dulces les acabaría doliendo mucho la tripa.

Papá y mamá vendrán a buscarnos -dijo Hansel.

Al cabo de un rato volvió la bruja. Abrió la puerta.

Bueno, bueno -dijo contenta-, veo que os habéis comido todo, iré preparando otra bandeja para la hora de la comida. Si coméis dulces así toda la semana, para mi cumpleaños estaréis bien rellenitos para la comilona de mi fiesta ¡ja, ja, ja, ja! -rio la bruja.

La bruja siguió trayendo bandejas y bandejas de dulces. Hansel y Gretel hacían siempre lo mismo, solo comían un poquito y todo lo demás lo escondían debajo de la cama.

Pasaron varios días, los papás de Hansel y Gretel habían avisado a todo el pueblo. Los habían buscado por todas partes y no habían podido encontrarlos.

Pero ¿dónde pueden estar?, no sabemos dónde más buscar -decía mamá.

Y así, llegó el día del cumpleaños de la bruja Piruleta. La cabaña de chocolate empezó a llenarse de brujas.

“Brujas jóvenes, brujas viejas,

brujas guapas, brujas feas,

brujas con escoba, brujas con paraguas,

brujas con sombrero y brujas con gafas.

 

¡Brujas, brujas, brujas!

Brujas de todas partes,

rubias, morenas, pelirrojas,

con verrugas, con lunares,

estiradas y encorvadas”.

 

¡Queridas amigas brujas, bienvenidas a mi fiesta de cumpleaños!   -dijo la bruja Piruleta-. Os tengo preparado un buen festín.

¿Ah sí? Eso esperamos, venimos hambrientas -dijeron las demás brujas.

Voy a encender el horno para poner a hacer el asado -dijo frotándose las manos.

Entonces fue a buscar a Hansel y Gretel, cogió a cada uno de una oreja y los trajo al salón.

¡Mirad chicas! Mirad que dos niños tan ricos tengo preparados. Ahora mismo le pongo una manzana en la boca, sal y pimienta y ¡al horno! -dijo.

Todas las brujas se miraron con cara de asombro.

¿Cómo? ¿Vas a asar a esos dos niños para tu fiesta de cumpleaños? -dijeron.

¡Claro!, no os lo esperabais ¿eh? -dijo la bruja Piruleta-. Lo cierto es que deberían estar más gorditos, con todos los dulces que les he dado de comer esta semana, pero bueno, con unas patatas será suficiente.

¡Uuuuuy! De verdad Piruleta, eres una bromista de cuidado -le dijo su amiga la bruja Tormenta-, anda que decir que nos vas a poner niño asado para comer… ¡ja, ja, ja!, qué graciosa es Piruleta ¿verdad niños? Mira que bien, pues nunca hemos estado en la fiesta de cumpleaños de una bruja donde hubiera niños como invitados ¿verdad chicas? ¿Y van a venir más niños?

Eh, pues, la verdad es que…-balbuceó la bruja Piruleta, que se había quedado asombrada y no sabía qué decir.

Justo en ese momento llamaron a la puerta de la cabaña. Eran los papás de los niños, acompañados de toda la gente del pueblo. Todos los amigos de Hansel y Gretel también habían estado buscándolos, así que había un montón de niños.

¡Ohhhhh, pero qué simpática eres Piruleta y cuántos amigos tienes! -exclamó la bruja Tormenta-. Fijaos chicas, ¡cuántos invitados a la fiesta!

Todos comenzaron a entrar en la cabaña. Hansel y Gretel aprovecharon para salir corriendo con sus papás, la verdad es que también estaban muy sorprendidos con lo que estaba pasando, después de todo, ya se veían en el horno con una manzana en la boca…

Bueno Piruleta, pues creo que ya estamos todos los invitados -dijo la bruja Tormenta-. ¡Vamos, pon música y que empiece la fiesta!

Las brujas empezaron a sacar a bailar a todos los niños y personas que habían llegado.

Oye Piruleta, todos estamos hambrientos, qué detalle que hayas construido esta bonita y suculenta cabaña de chocolate para celebrar tu cumple -dijeron las brujas-. ¡Parece una tarta de cumpleaños gigante!

Todos aplaudieron.

¡Sí! Vamos a empezar por la puerta, es como una galleta de vainilla gigante -dijeron los niños.

Ummmm, las ventanas son de gominola de fresa, mi preferida -dijo la bruja más joven.

Yo prefiero morder las paredes, qué rico chocolate tienen…-dijo otra bruja que tenía una gran verruga en la nariz-. ¡Mirad todos para arriba y abrir la boca, está lloviendo pica, pica!

En un momento, ¡todos estaban pasándolo en grande! Todos, menos la bruja Piruleta, que veía cómo se estaban comiendo su casa entre todos.

Hansel y Gretel prefirieron no comer nada, ya habían tenido bastante con los dulces que habían comido toda la semana.

Mamá, mejor vámonos a casa y nos preparas una sopa y pescado con verduras -dijeron.

La mamá se quedó muy sorprendida de que Hansel y Gretel no quisieran comer dulces.

Creo que será mejor que nos vayamos a casa sí, parece que tenéis mucho que contarnos… -dijo.

Al fin la fiesta terminó y todos se fueron muy contentos, se habían divertido mucho y habían comido un montón de chocolate y dulces de todas clases.

Piruleta, sin duda, es la mejor fiesta de cumpleaños en la que he estado -dijo su amiga Tormenta-. Y todos estos invitados son muy divertidos, ¡lo hemos pasado genial!

Todos se despidieron con besos y abrazos y se fueron. Y allí se quedó la bruja Piruleta, en medio del bosque y sin casa, porque se la habían comido enterita.

Solo habían quedado los envoltorios de los caramelos, con los que se hizo una cama para poder descansar, mientras pensaba dónde viviría a partir de ahora.

Hansel y Gretel les contaron a sus papás lo que había ocurrido. Menos mal que, al final, ¡no sirvieron de comida para el festín de la bruja Piruleta!

Todo el pueblo se enteró de lo que Piruleta había intentado hacer, así que, todos fueron a su casa y la encontraron durmiendo entre los envoltorios de caramelos. A escobazos la despertaron.

¡Bruja malvada, has intentado comerte a nuestros niños! -le gritó la mamá de Hansel y Gretel.

Todos comenzaron a tirarle piedras. Piruleta tuvo que salir corriendo a por su escoba, para escapar volando de allí.

Se marchó muy lejos y nunca más volvió. Pero no sabemos a dónde pudo ir, así que, si os encontráis con un desconocido que os ofrece chuches y dulces, no confiéis en él por muy simpático y agradable que parezca, porque puede ser la bruja Piruleta que trata de engañaros.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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