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La liebre y la tortuga

A veces hay cosas que nos gustaría hacer, pero creemos que no seremos capaces y entonces, ni siquiera lo intentamos😟. Hoy os traemos una historia que nos enseña que con esfuerzo, ganas e ilusión podemos conseguir todo lo que nos propongamos😉. Atentos!!!!!!!

LA LIEBRE Y LA TORTUGA

A veces hay cosas que nos gustaría hacer, pero pensamos que no podremos, que no seremos capaces de conseguirlas, entonces ni siquiera lo intentamos. Sin embargo, vamos a leer una historia en la que veremos que, con esfuerzo, ganas y mucha ilusión, podemos conseguir todo lo que nos propongamos.

Un día la liebre Petra estaba, tranquilamente, tumbada bajo un gran árbol, fresquita a la sombra, charlando con sus amigos, el búho Arturo y la ardilla Kika, cuando vieron venir a Matilde, la tortuga.

Matilde venía cargadísima de bolsas de la compra. Venía despacito, “pim pim pim”, con su pasito lento, “pim pim pim”. Cuando se cansaba, posaba las bolsas, descansaba un poquito y continuaba su camino. Así llegó hasta donde estaba la liebre Petra con sus amigos.

Buenos días Matilde, te veo que vienes con muchas ganas, a este paso a lo mejor mañana por la tarde hasta has llegado a tu casa con la compra ¡JA JA JA! -le dijo Petra riéndose.

Pues sí, a lo mejor es verdad que mis patitas no son muy rápidas, pero bueno, tampoco tengo ninguna prisa, yo voy, pasito a pasito, tranquilamente y ya llegaré -le contestó la tortuga Matilde-.  Además, a ti qué te importa Petra, métete en tus asuntos -le dijo enfadada- ¿qué te importa si yo tardo una hora o tardo un día en llegar a mi casa? Matilde se molestó un poco, porque lo cierto es que Petra se estaba metiendo en cosas que a ella… no le importaban.

Bueno, bueno, tampoco es para que te pongas así -le dijo Petra-, solo era un comentario, si eres lenta, pues eres lenta, no es para que te enfades por eso.

No, no, si yo no me enfado -contestó Matilde- pero es que me parece que te estás riendo un poco de que yo sea lenta, y te voy a decir una cosa, yo me atrevo a retarte, a ver si luego te ríes tanto -le dijo.

¿Retarme a mí? -dijo Petra con asombro- y se puede saber ¿a qué? A lo mejor quieres que echemos una carrera ¡JA JA JA!

¡Pues sí! -contestó Matilde- te reto a echar una carrera mañana. Ummm, no, mañana no, que tengo mi clase de ganchillo -dijo-, el domingo, sí, el domingo a las doce de la mañana vamos a quedar aquí, bajo este gran árbol y echaremos una carrera hasta el río. El búho Arturo será el árbitro, que como puede volar podrá vernos desde lo alto, y así no va a haber engaño y veremos quién gana.

¿Qué dices Matilde? ¿Que tú me vas a retar a mí a echar una carrera? -dijo Petra- ¿pero estáis escuchando lo que me está diciendo? -dijo en tono de burla-. Anda Matilde, vete a casa y descansa, que creo que el calor te ha nublado un poco las ideas.

No, no tengo nublado nada -contestó Matilde-. ¿Qué pasa, que no te atreves a competir conmigo?

De acuerdo, si quieres hacer el ridículo allá tú -contestó Petra-, echaremos esa carrera y cuando pierdas, ya podrás irte a tu casa a llorar.

Y así quedaron, el domingo a las doce de la mañana echarían una carrera desde el árbol grande hasta el río.

Matilde se marchó a su casa, con sus bolsas, pasito a pasito y pensando en cómo se iba a preparar para la carrera.

Petra siguió tumbada tranquilamente bajo el árbol, charlando con sus amigos.

Desde luego, vaya ideas -dijo-, una tortuga echando una carrera con una liebre, ¿pero eso dónde se ha visto? Pobre Matilde, menudo fracaso se va a llevar, pero bueno, ella se lo ha buscado.

Durante los días que faltaban para la carrera, Matilde estuvo preparándose mucho. Todos los días entrenaba un poquito… Un dos tres, un dos tres… para conseguir que sus patitas fueran más rápidas. Y así hasta que llegó el día de la carrera.

Ese día, el camino que iba desde el gran árbol hasta el río ¡estaba lleno! Todos los animales del bosque habían venido, nadie quería perderse la carrera entre Petra y Matilde.

¡Una carrera entre una liebre y una tortuga! Pero… ¿a quién se le ocurre?

Todos miraban a Matilde, que iba muy bien preparada, con una cinta en la cabeza, rodilleras, calentadores y unas buenas zapatillas para correr.

Matilde, te habrás puesto unos patines, porque si no a ver ¿cómo vas a ganar a Petra? ¡que es la más rápida del bosque! -le dijo la ardilla Kika.

Todos se reían de la pobre Matilde, porque nadie pensaba que pudiera ganar a Petra, todos estaban convencidos de que iba a hacer el ridículo más espantoso de su vida.

Pero a Matilde no le importaba lo que le dijeran. Ella había estado entrenando todos los días y se había preparado muy bien para la carrera, así que, estaba segura de que podía ganar.

Matilde pasó, entre las risas y las miradas de burla de todos y se colocó en la línea de salida.

Petra también llegó, miró a Matilde con aire de superioridad y se colocó al lado.

Matilde, aún estás a tiempo de arrepentirte y evitar ser el hazmerreír de todos -dijo.

Ni hablar -contestó Matilde.

El búho Arturo dio la orden de salida. Preparados, listos… ¡Ya!!!!!!! -gritó.

Matilde empezó a correr, bueno, a correr dentro de sus posibilidades, así, “pim pim pim”… pues… como corren las tortugas.

Petra se quedó de brazos cruzados, viendo la velocidad a la que iba Matilde.

¡Vaya, vaya! Con que esas tenemos, ¡bah! lo que yo pensaba, que me voy a ir a jugar una partida de cartas con mis amigos y estaré un ratito de charla, si hasta que ésta llegue a la meta, ¡Uuuuuuu! me da a mí tiempo hasta de echarme una siesta -dijo riéndose.

Matilde siguió con su carrera, pasito a pasito, pasito a pasito.

Mientras, Petra estuvo jugando a las cartas y de charla con sus amigos, que habían traído hasta una merendola para celebrar el triunfo de Petra. Así que, la liebre comiendo y comiendo, comió tanto que le entró un sueño…. Aaaaaaaaaaaa -bostezó-, qué rico todo, voy a dormirme un ratito y ya luego voy a terminar la carrera y a ganarle a esa tortuga pesada -dijo.

¿Y Matilde? Seguía y seguía y seguía, pasito a pasito, pasito a pasito.

Cuando Petra se despertó, vio que Matilde estaba ya a punto de llegar a la meta.

¡Pe pe pe pero, esto no puede ser! -dijo aún medio dormida. Corrió, corrió y corrió, “brrrrrrrrrrrrrrrrrr”, pero por más que quiso correr, ya no pudo adelantar a Matilde.

Matilde hizo “pim” y alcanzó la línea de meta.

¡La tortuga Matilde había ganado la carrera!

Sí, sí, amiguitos, la tortuga Matilde ¡era la gran vencedora!

La liebre Petra estaba perpleja.

Pe pe pero que no, que esto no vale, que es que yo me quedé dormida y no me ha dado tiempo. ¡Tenemos que repetir la carrera! -dijo.

No, no, no, no. No vamos a repetir nada -dijo Matilde-, Arturo el búho dio la salida y yo salí, tú sabrás dónde te has quedado, te has confiado tanto que mira lo que te ha pasado, pero… ¡yo he ganado la carrera!

Matilde estaba contentísima, ¡era increíble que hubiera podido ganarle a Petra!

Pero así fue. La tortuga Matilde se concentró en la carrera, y con mucho esfuerzo, pasito a pasito consiguió su objetivo. La liebre Petra, se confió tanto que cuando quiso ganar ya no pudo llegar a tiempo y perdió. Y lo que nadie se imaginaba que pudiera pasar pasó, ¡que la tortuga a la liebre le ganó!

Por eso recordad siempre que el mayor fracaso no es no conseguir lo que queremos, sino el no haberlo intentado.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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