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Los músicos de Bremen

Os presentamos a Perico, Coronel, Leo y Kiko🐴🐕🐈‍⬛🐓. Los cuatro protagonistas del cuento de hoy, que intentarán hacer realidad su sueño de ser cantantes🎤. Lo conseguirán?🤔. Vamos a escuchar el cuento y lo sabremos.

LOS MÚSICOS DE BREMEN

Había una vez un burro que se llamaba Perico. Toda la vida había trabajado mucho, tirando del carro cargado con todo lo que su amo necesitara. Pero ya era tan viejito que no podía. Casi no le quedaban fuerzas para tirar ni siquiera del carro vacío.

¡Ay mi Perico! Nos hemos hecho mayores juntos, siempre has sido un burro fiel y muy fuerte, pero ya estás demasiado viejo para trabajar. A partir de ahora te quedarás en el establo y ya no trabajarás más -le dijo un día su amo.

Perico le miró con tristeza, no quería estar en el establo comiendo, durmiendo y sin hacer nada de provecho. Él siempre había sido un burro muy trabajador y no quería ser una carga para su amo.

Así que esa noche se puso a pensar qué podía hacer.

Perico siempre había querido cantar, tenía una voz muy bonita, cuando rebuznaba todos los animales de la granja le escuchaban, porque entonaba fenomenal.

Ya sé lo que haré -pensó-. Quizás ya sea algo viejo para tirar del carro cargado, pero no soy nada viejo para cantar, así que creo que ha llegado el momento de cumplir mi sueño de ser cantante.

Perico decidió salir al amanecer hacia Bremen. Era una ciudad muy grande donde seguro podría triunfar.

Iba por el camino pensando en la canción que interpretaría cuando llegase a Bremen, cuando un perro que venía corriendo se chocó con él.

Pero ¿qué te pasa perro? -le preguntó Perico.

Ando huyendo de mi amo, que dice que ya soy viejo y ya no puedo correr detrás de las perdices, por eso quiere encerrarme en una jaula para que esté vigilando la puerta de la casa, solo tengo que ladrar si veo venir a alguien -dijo-, pero yo no puedo estar metido en una jaula, yo siempre he sido un perro de caza, siempre he andado por el campo y el monte.

¿Sabes cantar? -le preguntó Perico.

Eh… no sé, puedo intentarlo -contestó el perro-. ¡GUAUUUUU, GUAUUUUU, GUAU, GUAU, GUAAAAAAAUUUUUUU…! -cantó.

Está bien, está bien ¡basta, basta! -dijo Perico-. Me dirijo a Bremen para ser cantante, si quieres puedes acompañarme y hacer los coros, podríamos hacer un dúo musical.

Me parece una buena idea, quizás sea viejo para correr detrás de las perdices, pero no para cantar -contestó-. Me llamo Coronel -se presentó.

Yo soy Perico -contestó el burro.

Así que los dos continuaron camino de Bremen.

Al poco rato de seguir camino, vieron a un gato escondido entre los matorrales.

Gato ¿qué haces ahí escondido? -le preguntó Coronel.

Miauuuu, pssssss, calla, que me van a encontrar -susurró el gato-. Estoy escondido porque mi amo me está buscando, dice que ya soy viejo y que ya no sirvo para cazar ratones, son más rápidos que yo y quiere atarme una piedra al rabo y echarme al río -dijo temblando.

Pues vaya amo que tienes, toda la vida sirviéndole y ahora que eres viejo te quiere echar al río -contestó Perico-. ¿Sabes cantar?

Miiiiiauuuuuuu, claro que sí, tengo una voz muy fina, mira… ¡MIAUUUU, MIAUUU, MIAU, MIIIIIAAAAUUU, MIAU, MIAU, MIAU…! -cantó.

Perico y Coronel se miraron.

No está mal, podría unirse al grupo -dijo Coronel.

¿Quieres venir con nosotros? Vamos a Bremen para ser cantantes, íbamos a ser un dúo, pero si tú te apuntas, seremos un trío musical -dijo Perico.

¡Claro que sí! Seré viejo para cazar ratones, pero no para cantar -dijo-. Me apunto a ir a Bremen, me llamo Leo.

Los tres continuaron camino de Bremen. Al cabo de un rato, vieron a un gallo en un tejado, que estaba cantando tan alto como podía. ¡KIKIRIKI, KIKIRIKI!

Pero ¿qué haces cantando a estas horas? -le preguntó el gato.

¡Canto para ahogar mis penas! Mi ama dice que como soy viejo, todas las mañanas me quedo dormido y no canto al empezar el día, así que ¡ya no sirvo y mañana va a echarme a la cazuela para hacer un caldo, kikiriki! -dijo llorando y cacareando a la vez.

Ven con nosotros, vamos a Bremen para ser cantantes. Vamos a formar una banda musical. Tú tienes muy buena voz y nos vendrías muy bien -dijo Perico.

¿Una banda musical? -dijo el gallo-, me parece una idea estupenda, seré viejo para despertarme temprano pero no para cantar, me iré con vosotros a Bremen. Me llamo Kiko.

Y los cuatro, Perico, Coronel, Leo y Kiko siguieron el camino hacia la ciudad de Bremen. Ya era tarde y estaba anocheciendo, por eso decidieron buscar un sitio donde dormir. Pasarían la noche y continuarían camino por la mañana.

Entonces vieron una cueva entre los árboles.

Mirad, ahí hay una cueva, podemos quedarnos dentro y dormir hasta mañana -dijo Perico.

Entraron y vieron que era un buen sitio para pasar la noche, así que los cuatro se echaron a dormir. De repente, el gato abrió un ojo.

Miauuu, eh, amigos, he escuchado un ruido -susurró.

Se asomaron y vieron que se acercaba un grupo de personas, haciendo mucho ruido.

Cuando lo encuentre se va a enterar; sí, y como pille yo al gallo lo echo al caldo ahora mismo; pues cuando encuentre al perro, le voy a encerrar en la jaula y le voy a tener a pan y agua, por escaparse… -iban diciendo mientras se acercaban a la cueva-. Vamos a descansar en esa cueva y mañana seguiremos buscando.

Kikiriki, es mi ama que viene a cogerme para hacer el caldo -susurró el gallo.

Miau, y el mío, que viene a ponerme la piedra en la cola para echarme al río -dijo el gato asustado.

Y también viene mi amo, a llevarme para encerrarme en la jaula -dijo el perro.

Pues tenemos que hacer algo para asustarles y que se vayan -dijo el burro.

Así que el burro se colocó en la entrada de la cueva, el perro se subió encima del burro, el gato encima del perro y el gallo encima del gato. Y todos empezaron a hacer ruido, el burro rebuznaba, el perro ladraba, el gato maullaba y el gallo cacareaba. Todos aquellos sonidos a la vez hacían un estruendo horroroso. Cuando los amos se acercaron a la puerta de la cueva, en la oscuridad de la noche y solo con el reflejo de la luna, vieron aquella extraña figura, que bien parecía un fantasma o alguna criatura emitiendo aquellos horribles sonidos. ¡Asustados, salieron huyendo!

¡Corred es un fantasma! -gritó uno.

¡Más bien parece una bruja largirucha lanzando hechizos incomprensibles! -gritó otro.

¡Pues lo que yo vi más parece una criatura de otro mundo, hablando en un idioma extraño que no entendemos! -gritó el ama del gallo.

Cuando ya se perdieron de vista, los animales se bajaron y la extraña figura desapareció. Todos reían contentos porque juntos habían conseguido librarse de los amos que les andaban buscando. Hacían un buen equipo. Y por fin pudieron echarse a dormir.

Por la mañana se despertaron temprano para seguir camino de la ciudad de Bremen. ¿Conseguirían cumplir su sueño de crear una banda musical?

Cuando llegaron a la plaza de la ciudad había mucha gente. Unos paseaban, otros estaban sentados a la sombra, otros comprando en los puestos…

¡Compañeros, es nuestra oportunidad! -dijo Perico-, fijaos cuánta gente hay. Si nos ponemos a cantar todos nos verán y admirarán nuestro talento.

Todos estuvieron de acuerdo. Así que se colocaron en medio de la plaza, el gato encima del perro y el gallo encima del burro. Se afinaron la voz y comenzó el concierto.

Ante tal espectáculo y alboroto, toda la gente empezó a ponerse alrededor de los cuatro animales. Primero todos estaban escuchando en silencio, pero, de pronto, un niño empezó a aplaudir y a bailar al ritmo que cantaba la banda. Después otro niño y otro, y detrás fueron muchas más personas las que se animaron a bailar. Al final se montó una buena fiesta alrededor de nuestros cuatro amigos.

Desde entonces iban por las calles de Bremen cantando en cualquier esquina. Toda la gente les aplaudía, no sabemos si porque cantaban bien o porque eran muy originales… Pero ellos estaban felices y todos los que los veían también.

¡Habían cumplido su sueño y habían formado una divertida banda musical a la que llamaron… LOS MUSICOS DE BREMEN!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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