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«Saltitos» y su Mamá

Cuando «Saltitos» nace es muy chiquitín, es del tamaño de un caramelo 🍬. Necesita mucho a su mamá🤱, tiene que chupar teta para crecer. Pero cuando ya ha crecido lo suficiente, llega el momento de salir al mundo exterior. «Saltitos» está asustado 😱, pero también tiene mucha curiosidad 🤔… ¿Se atreverá? ¡Vamos a escucharlo! 😉.

«SALTITOS» Y SU MAMÁ

Lina es una mamá maravillosa.

Desde que su bebé nació, no se ha separado de él ni un solo instante.

Le lleva con ella a todas partes.

¡BOING, BOING!

Lina va de un lado a otro saltando y saltando, y su bebé siempre va con ella.

¡BOING, BOING!

Es que Lina es una mamá canguro. Su bebé se llama Saltitos.

Saltitos era muy pequeñito cuando nació. Era del tamaño de un caramelo, así chiquitito, chiquitito. Por eso, durante varios meses, ha estado metido en la bolsita que mamá canguro tiene delante de la tripita. Ahí está muy calentito y no se moja cuando llueve.

Pero, ¿sabéis lo más chulo?, que mamá canguro tiene las tetitas dentro de esa bolsa, así que, cuando Saltitos tiene hambre, busca y busca y a chupar. Toma toda la leche que le apetece. Por eso, Saltitos ya ha crecido mucho, y le encanta ir asomando la cabeza mientras Lina salta y salta de un lado a otro.

Ha crecido tanto que, un día, Lina piensa que ya está preparado para salir y empezar a hacer honor a su nombre…

—Saltitos, ya eres mayor, ya debes salir a conocer el mundo —le dice, un día, a su pequeño cangurito.

Saltitos la mira asustado. La verdad es que debe dar bastante miedo salir de ahí, después de estar tanto tiempo pegadito a mamá.

—Creo que no, que me quedaré un poco más aquí dentro —contesta Saltitos, metiéndose en el fondo de la bolsa.

—Como quieras, pero te advierto que estar aquí fuera es muy divertido —le dice mamá para intentar convencerle.

Desde el fondo de la bolsa, Saltitos oye mucho escándalo fuera. ¿Qué estará pasando?

Tímidamente, se asoma un poquito y ve otros pequeños canguros como él jugando en la hierba. Los ve saltar de un lado a otro, abrazarse y hacerse cosquillas. Saltitos los mira con ojos de sorpresa. Tiene miedo de salir de su cómoda y segura bolsita, pero también tiene ganas de jugar con los demás canguritos y hacer amigos.

Saltitos mira a mamá, buscando en ella la respuesta a sus dudas, entre quedarse dentro de la bolsa o salir a jugar…

—¿Qué te parece? La hierba está muy fresquita y suave. ¿Quieres salir a jugar? —le pregunta mamá.

—Pero mami, si salgo ¿luego podré volver a entrar en la bolsa si quiero? —pregunta Saltitos.

—Claro que sí —contesta mamá Lina—, yo siempre estaré aquí para que vuelvas si lo necesitas.

Saltitos se queda más tranquilo, sabiendo que si no le gusta estar fuera, puede volver a meterse en su bolsita.

Así que, se lanza y ¡sale de la bolsa!

Al principio, casi no se sostiene en pie. Mueve la cola de un lado a otro… y se cae todo el rato.

—No debes mover así la cola, no eres un perrito —le dice mamá—, debes apoyarla en el suelo para mantener el equilibrio, así podrás coger impulso y dar un buen salto con las patitas traseras.

Saltitos, aún tiene que aprender a saltar. Pero, enseguida, le coge el truco y comienza a dar saltitos.

¡Anda! ¡Como su nombre!

En poco tiempo, ya está jugando con los demás canguros.

De vez en cuando, vuelve la vista hacia su mamá, solo quiere asegurarse de que sigue allí, por si, en un momento dado, quiere volver a su bolsita.

Durante algún tiempo, vuelve a entrar, cada vez que tiene hambre, para chupar tetita, porque aún tiene que crecer un poquito más. Hasta que llega un día en que, ya no puede, porque es tan grande, que no cabe.

—No puedo entrar mamá —dice enfadado.

—Hijo, es que ya eres muy mayor, y has crecido tanto, que ya no cabes en la bolsa —contesta mamá canguro.

—Pero tú dijiste que siempre estarías aquí para que volviera si lo necesitaba —le reprocha Saltitos.

—Y aquí estoy, aunque ya no puedas meterte en la bolsa, podemos saltar y comer hierba juntos —le dice mamá.

Entonces Saltitos descubre, que ya no necesita estar dentro de la bolsa para sentirse protegido. Que lo único que necesita, es saber que cuando vuelva la vista, mamá va a seguir allí, por si, en un momento dado, necesita volver junto a ella.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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